La ansiedad

Luis no sabe qué hacer. Ha llegado a la casa y decide ver televisión. La prende, pero antes de sentarse la apaga. Se come las uñas. Se quiere distraer con un poco de música. Cuando elige tantos discos se da cuenta que lo que está haciendo en realidad es contar los discos que tiene y entiende que esa operación no tiene nada que ver con escuchar música ni ver televisión, porque eso es lo que quiere Luis. Se sienta otra vez.
Pero se para nuevamente para ir por un litro de cerveza bien helada en el refrigerador. No era un litro, era una lata solamente y se la toma en la misma cocina porque hace calor, tiene sed y no hay nada más rico que ver televisión tomando una cerveza bien helada, entonces comprende que ya no tiene cerveza y decide pues bajar a comprar una. Frente al ascensor se come las uñas. La cosa parece no avanzar mucho y total son cinco pisos no más. Los baja corriendo. Llega a la botillería y debe elegir la marca, le gustan todas. Quiere llevar una de cada una, pero es mucho, sólo quiere tomarse una cerveza bien helada y ver un poco de televisión. “Lleve un vino entonces” le dice el dependiente. No es mala idea, es de noche y no tiene nada más que hacer. Pero Luis tiene calor, sed y quiere una cerveza para ver un poco de televisión, entonces no sabe por qué le hace caso y termina comprando un vino blanco “se puede tomar helado” le dice el dependiente. “El verdadero dependiente soy yo” se dice Luis. Ya de vuelta en el edificio se come las uñas. Faltan 10 segundos para que el ascensor llegue al piso 1 pero lo mismo sube las escaleras de dos en dos porque decide ahora ver la película de las 22 y son ya las 22:14.
Cuando abre la botella se da cuenta que no quería vino y se reprocha por la compra. Siente rabia entonces por no tener cerveza, porque él sólo quería tomar cerveza helada y ver un poco de televisión. Pero ya no bajará de nuevo, «eso es de ansiosos e indecisos» se engaña a si mismo porque llamará entonces a un amigo para invitarlo y el traerá cerveza y bien helada. El amigo acepta y comienza la espera. Se come las uñas. Se sienta, prende la TV. La película ya empezó hace rato y no le interesa verla sin el comienzo, en realidad nunca le interesó ver la película. Apaga la TV, se para. Se come las uñas. Enrolla un pito para la espera, lo prende, le da dos quemadas, lo apaga; prende un cigarro “para la subida”. Al tercer cigarrillo el amigo no llega y él decide llamar a otro amigo que vive más cerca, la espera se ha hecho eterna. No han pasado aún veinte minutos desde la primera llamada. No sabe qué hacer. El poco de cocaína que le quedó de un carrete pasado no ayudará mucho. Ni siquiera la mira. Se come las uñas y fuma más marihuana porque siente que no está del todo volado mientras escucha que el otro amigo le dice también que sí, y que por supuesto, llevará cerveza helada. A esa altura la verdad es que Luis siente que no está mal un poco de vino para la sed y la espera. Se sienta, se para en el instante y se va a beber al balcón. No han pasado más de 40 minutos desde que llegó a su casa decidido a ver un poco de televisión, ojalá con una cerveza helada. Piensa otra vez en escuchar música pero ahora sólo alcanza a echar una mirada a los discos, ni siquiera se acerca. Se come las uñas. Entonces vuelve a pensar en la cerveza, y en ese dependiente de mierda que le dijo que comprara un vino que por segunda vez se niega a tomar, a Luis nunca le ha gustado el vino en realidad.
Mientras tanto en el primer piso los amigos de Luis coinciden y suben juntos por el ascensor. Cuando llegan al departamento tocan y tocan pero nadie abre. Luis ha bajado en el mismo instante que llegaban, corriendo por las escaleras para comprar cerveza helada, “estos weones no van a llegar nunca”.

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