Stella Díaz Varín

Una mujer avanza altiva por el centro de Santiago. Viste un largo abrigo de piel gastada sobre falda corta y blusa sin mangas, sus labios son azules y en sus ojos una sombra verde proyecta la inquietud y el riesgo. Una larga melena roja ilumina la escena como una estela que avisora el rayo y la tormenta. Porque aquella mujer entrará al bar Iris o al Bosco dispuesta a fumar en pipa y beber litros de cerveza. Si es necesaria la defensa ante la impertinencia de un macho, ella subirá su blusa, le mostrará los senos y antes de bajarla ya le habrá asestado un golpe lo suficientemente fuerte como para alejarlo desmayado varios metros más allá. Nada de eso parece en realidad perturbarla, mientras, pegada a la barra, continúa escribiendo sobre una servilleta versos que profundizarán la vanguardia narrativa y el pensamiento feminista en Chile.

Una imagen nada extraordinaria salvo que es medianoche y es Chile del año 1949, un lejano país donde las mujeres no han podido aún siquiera votar para elegir a un presidente. Pero ahí estaba Stella Díaz Varín, rompiendo con la historia, recién despedida del diario La Hora por criticar la tala de árboles de la Alameda, tatuada junto a su amigo Enrique Lihn en un brazo como señal de protesta ante la cacería anticomunista de González Videla, decenas de años adelantada a su tiempo, combatiendo con honestidad e impudicia desde el verso y el cotidiano.Había nacido en La Serena, era también elquina, pero representó el anverso más furioso de los senderos mistralianos. Anclada en un territorio que le era impropio y achatado, su escritura y sobre todo sus acciones fueron un fulgor tan intenso que terminaron por consumir su propia figura y sitial dentro del imaginario artístico popular, el humo opacó su legado y de las cenizas surgió un mito que por supuesto es menos incómodo (y a su pesar más marketero) de lo que fue su vida. Stella Díaz Varín, una de las voces más importantes y originales de la mítica Generación del 50, murió en la pobreza y bebiendo vinos en caja, devastada por el cáncer y fumando cigarrillos antes de entrar al hospital del que advirtió que no saldría viva, un 13 de julio de 2006 a los 79 años.

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