Ancestros al rescate: A propósito de Sofía Loren y Sergio Chamy

Hace unas semanas, los medios de nuestro país vibraron al unísono ante la posibilidad de ver a Don Sergio Chamy, protagonista de El Agente Topo, recibiendo el premio Oscar a mejor documental, junto a su directora Maite Alberdi. Unas semanas después, en forma muy breve, los medios informaron que Sofía Loren, nominada a mejor actriz en la misma versión de los Oscar, había ganado el David Donatello por su trabajo en la película La Vida por Delante (La vita davanti asé), dirigida por su hijo Edoardo Ponti.

Es interesante ver a una diva mundialmente conocida tocando la fibra del público internacional a los 86 años, y de manera especial a su propia gente, tal como hizo Don Sergio, de 84, al protagonizar el documental donde se muestra incursionando en su rol de investigador encubierto en un asilo. ¿Pero, qué podrían tener en común ambos personajes tan disímiles?

Para empezar, más allá de lo distintas que son sus biografías, de los premios y del peso específico de los países que los asignan, hay algo que une a Don Sergio y Sofía Loren. Puede parecer extraño, pero es relevante considerarlo. Primeramente, ambos son representantes de una generación que llegó a esta tierra antes de la Segunda Guerra Mundial, que ha visto pasar todo tipo de cambios, algunos liberadores, pero otros desalentadores, tales como la despersonalización y desterritorialización de las relaciones laborales y sociales.  Hablamos de la llamada “globalización”, que ha incidido en el debilitamiento de los lazos comunitarios y el consiguiente aumento de la soledad. Por otro lado, ambos son representantes de sociedades donde la familia, los afectos y los vínculos vecinales siempre han sido relevantes. Por lo tanto, ven con desconcierto esa pérdida de humanidad en la “vida contemporánea”. Quizás por lo mismo, sin que lo hayan pedido, son protagonistas de un llamado a las sociedades contemporáneas, a través de la visibilización de esa deshumanización, poniendo el foco en los lazos afectivos, esenciales para la vida.

Así como en el documental protagonizado por Don Sergio se nos muestra el cotidiano de personas ancianas que han sido olvidadas, prácticamente, por sus parientes, en La Vida Por Delante, Sofía Loren nos conecta con la vulnerabilidad de quienes viven la infancia bajo estigma, e incluso persecución. Tanto Sofía como Don Sergio superan los 80 años y protagonizan películas que han logrado llegar a espectadores masivamente en todo el mundo, a través de la plataforma Netflix (una especie de televisión posmoderna). Más allá de que una historia ocurra en Europa y tenga por base una novela y la otra se desarrolle en Chile, en formato documental, se trata de dos personas ancianas que se transforman en el centro de las miradas, para desde ahí, poner en foco a quienes suelen permanecer en las orillas de todo.

 El caso de Sofía es impresionante, pues luego de transitar por décadas en el cine, quedando inmortalizada como ícono sexual y de belleza atípica, llegó al status de Diva, siendo una de las actrices italianas más reconocidas, cosechando 7 Donatello, 2 Oscar y numerosos otros premios internacionales. Hace una década había dejado de actuar, para ver crecer a sus nietos, según ha dicho, sin embargo, en plena pandemia, volvió a ser objeto de miradas, colándose primero en las vidas cotidianas de la gente en Italia, en un comercial de pastas, donde animaba a sus coterráneos a mantener el espíritu en alto, para luego ir más allá, con la película que la puso nuevamente bajo la mirada internacional. En esta película, los cruces entre la vida real y el simbolismo de la historia nos permiten ya ver a Sofía Loren como una Madre simbólica, para el público contemporáneo, especialmente en Italia. Partiendo porque se trata de una madre actriz, bajo la dirección de un hijo, que asume un rol de madre de desamparados, es decir, yendo más allá de los hijos biológicos.  

En La Vida por Delante, Sofía Loren se pone en la piel de una madre simbólica, en una película que explora la exclusión y vulnerabilidad que enfrentan niños y niñas marginados, estableciendo un contrapunto entre esas realidades actuales con el holocausto, el genocidio racista que más espacio ha logrado en la cultura popular del último siglo. En sí, la película cuenta una historia que moviliza emociones, pero aparece en un momento en que la crisis sanitaria mundial irrumpió en el cotidiano, obligando a la gente al encierro y exaltando la nostalgia y preocupación por los seres queridos. Esa irrupción ha hecho evidente lo que se ocultaba debajo de tanto maquillaje, amparado por la publicidad en torno a modos de vida, que estábamos recibiendo hace décadas.  Y es que para sociedades como la italiana, o como la nuestra, el modelo Sex and the City, Big Bang Theory, etc. etc. (podría nombrar muchas series gringas más), es ajeno y se resquebraja de inmediato ante una crisis tan potente como la actual.  

En el Agente Topo, Don Sergio se cuela en el cotidiano del asilo donde viven, al margen del afecto familiar, ancianos y ancianas, especialmente. El documental parece una cápsula atemporal donde no se exploran factores que se debaten fuertemente en Chile, como el tema de la pobreza a la que se ven reducidas las personas tras la jubilación, sin embargo, pese a eludir el tratamiento de temas estructurales, la descripción de ese micromundo contenido en el asilo, así como el inicio del documental, mostrando cómo acuden numerosos ancianos jubilados al ofrecimiento de un puesto de trabajo, hacen que inevitablemente quede claro el contexto en que transcurren los hechos. Un país que vive las consecuencias de un modelo individualista, que empieza a colapsar. Así como en Italia resurge la Mamma, el Agente Topo nos hace ver con claridad que en Chile no somos lobos de Wall Street (no es casual que las AFP estén cayendo por su propio peso).

En síntesis, estas películas y el impacto que han generado sus protagonistas, no nos hablan de un nuevo modelo de ancianidad, que puede seguir siendo “productivo” hasta los cien años, sin necesidad de jubilación, sino que muestran la fuerza de los ancianos como movilizadores de conciencia para el presente, recordándonos la importancia de los lazos profundos, significativos, traspasando el espejismo exitista, para tomar contacto con las raíces, con nuestros ancestros y con el entorno real.

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