Mushi-Shi: los misterios de la enfermedad

La serie animada japonesa Mushi-Shi, del director Hiroshi Nagahama, logra fascinar principalmente por el desarrollo de cada uno de sus relatos (donde cada capítulo es una historia en sí), tratando temas como la muerte, los fenómenos de la naturaleza y principalmente la enfermedad. El protagonista, Ginko, es un sanador que recorre pequeños poblados rurales de Japón, donde los habitantes aún están estrechamente vinculados a la naturaleza y sus enfermedades tienen explicación más allá de lo racional.

Bajo el concepto Mushi-Shi todos estos fenómenos tienen sentido: Los Mushis son entes o parásitos que están a medio camino entre lo material y lo sobrenatural, y que viven en los cuerpos de las personas, provocándoles dolor y sufrimiento. No son buenos ni malos, sino que simplemente existen, así como la lluvia y las montañas. Su tratamiento, por lo tanto, no pasa por la medicina alopática sino que busca las raíces profundas que provocan el malestar. Y es ahí donde la serie se abre en infinitas posibilidades, mezclando antiguos mitos y leyendas japonesas con ingeniosas creaciones de seres y entidades que Ginko, el sanador errante, intentará descubrir y liberar.

Esta maravillosa serie animada, basada en el manga del mismo nombre creado por la genial Yuki Urushibara, envuelve en su mundo misterioso y fascinante, a veces triste y cruel, como tantas veces es la misma naturaleza. El ser humano convive con ella y construye su cosmovisión en una intrincada relación con plantas, animales, árboles y seres de otros planos que debe aprender a conocer y respetar para poder coexistir en armonía. El concepto de salud y enfermedad, queda claro aquí, va muchísimo más allá de la rápida consulta al médico y su correspondiente pastilla. Hay todo un mundo allá afuera y nos está esperando.

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