Primera Persona Del Singular

Uno siente alivio cuando llega una nueva temporada de su serie preferida, no importa que sea reiterativa o sin novedad, llega, y es como si apareciera algo conocido y familiar. Más o menos pasa lo mismo con lo nuevo de Murakami, esta vez un libro de cuentos, llega y es lo de siempre, no hay nada nuevo, pero está ahí, como un amigo conocido que te cuenta la misma talla cientos de veces y tú se lo permites y hasta te ríes y celebramos juntos.

Es difícil entender porque queremos tanto a Murakami. Su literatura es con gotitas de sucralosa, nada de inquietante, suave hasta lo bello, contemporánea y delicada. Tiene algo de asistencia al alma tan necesaria en tiempos feos, reafirma verdades compartidas, a veces profundas, a veces bastante obvias.

La música siempre es un hilo conductor en estos cuentos, eso nos hace más cercanos, más contemporáneos. Por eso los mejores cuentos de este libro tienen que ver con músicos. Por ejemplo, uno en que Charlie Parker es casi protagonista. Otro sobre una portada de un álbum de Los Beatles, pura nostalgia, amores del pasado, una chica, el suicidio. El otro, genial, sobre el álbum inexistente de Charlie “Bird” Parker (Murakami, obviamente se olvida que existe un cuento mil veces mejor, tal vez el mejor, escrito por Julio Cortázar, sobre aquel músico: “El perseguidor”, pero, bueno, peras+manzanas). Hay que quejarse menos. Murakami hay para todos los gustos y para rato. No hay para que pelarlo. Mejor es leerlo como un postre de leche, azucarado, rico, cremoso, y obviar los sellos de advertencias.

PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR

HARUKI MURAKAMI

Editorial Tusquets

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