Prohibición de motores en lagos de Panguipulli: Apuntes sobre una batalla en curso

Recientemente, la Municipalidad de Panguipulli emitió una ordenanza prohibiendo el uso de vehículos motorizados en 3 de los lagos presentes en su territorio. Es decir, no en todos los lagos que conforman la conocida y apreciada ruta que integra a 7 cuencas lacustres, sólo en tres. Pero esta ordenanza fue inmediatamente repelida por personajes que detentan poder económico y contactos en las altas esferas del poder nacional. De hecho, el propio Gobierno de Sebastián Piñera, a través del Ministro del Interior, Rodrigo Delgado, salió al paso de la medida, prontamente, pidiendo al delegado presidencial un informe jurídico para ver si la medida “se ajusta a derecho”.  Por supuesto, los abogados convocados por el delegado presidencial opinaron que se trataría de una medida inconstitucional. Demás está decir que el tema ha sido cubierto diligentemente por El Mercurio (EMOL), medio que históricamente ha dejado de lado problemas “menores” como la extrema contaminación de los lagos sureños, que afectan la calidad de vida humana y la biodiversidad de quienes residen permanentemente en las cercanías de esas cuencas, sin contar con segundas, terceras ni cuartas viviendas.

Pero ¿Por qué esa celeridad en la reacción de las autoridades y medios tradicionales? Es una pregunta válida, si se tiene en cuenta que hablamos de una comuna del sur de Chile, con un índice de desarrollo humano menor a la media nacional, con grandes dificultades de conectividad e incluso sanitarias, pero que, hasta hoy, prácticamente no había suscitado interés de parte de autoridades y medios nacionales. De hecho, cuando, el año 2008, todo el radio urbano de la comuna padeció un problema sanitario de absoluta gravedad (inundación de aguas servidas en la zona urbana), no hubo reacción alguna, hasta que un conocido programa televisivo de denuncia que emitía CHV, conducido por el periodista Iván Núñez, expuso la indigna situación que vivían los vecinos y vecinas de Panguipulli, en televisión abierta. Posteriormente, las denuncias, de 2017, 2019 y 2020, contra la empresa sanitaria ESSAL por contaminación extrema del lago Panguipulli con aguas servidas (al utilizarlo como depósito de dichos residuos, de manera totalmente ilegal), tampoco derivaron en una reacción como la que hoy moviliza al gobierno y los medios vinculados a la gran empresa.

Panguipulli es una comuna del sur de Chile, perteneciente a la Provincia de Valdivia y a la Región de Los Ríos. Quienes no viven en ella, pueden confundirse pensando que se trata de un territorio esencialmente turístico, que vive y en alguna medida se ha hecho, a medida de los gustos de turistas, atraídos por la “ruta de los siete lagos”. Nada más lejos de la realidad, pues la comuna integra una alta proporción de población rural donde coinciden, no sin conflicto, propietarios de exclusivas casas de descanso, con habitantes  “de todo el año”, es más, de toda la vida. Buena parte de la población de Panguipulli es mapuche o mestiza, y en su memoria familiar no está tan lejos la llegada de los huincas, a un territorio que hasta inicios del siglo XX era netamente mapuche huilliche.

El proceso de constitución de comunidades, tras la mal llamada “pacificación de la Araucanía”, comenzó tarde en Panguipulli, en algunos sectores recién en la década de 1920. Sin embargo, el despojo violento de tierras, quema de rucas, y corridas de cerco, por supuesto, venía de antes. En ese sentido, la narración de lo que aconteció a fines del siglo XIX y principios del XX,  registrada en el Parlamento de Coz Coz (1907), es un documento indispensable para comprender el avance de la República en los territorios mapuche, no sólo en Panguipulli, sino en lo que hoy son comunas colindantes. Este testimonio documental, escrito por el periodista Aurelio Díaz Meza, da cuenta de la extrema violencia con que fueron arremetiendo colonos extranjeros y chilenos, en el marco del avance del ferrocarril y la explotación maderera, con el consecuente despojo y violencia hacia la población ancestral, mapuche huilliche.

Actualmente, la disputa por la limpieza de los lagos Pellaifa, Calafquén y Pullinque enfrenta el enfoque de quienes residen realmente en dichas cuencas y quienes son propietarios de viviendas secundarias o terciarias. La ordenanza que prohíbe los motores allí surgió tras un proceso de dialogo y articulación de los 13 lof ancestrales presentes en las 3 cuencas. Esta articulación derivó en un trabajo conjunto entre los clanes ancestrales (lof), el municipio y abogados de ambas partes. La ordenanza fue aprobada el 28 de diciembre de 2021, siendo la materialización del acuerdo al que se llegó después de un trabajo conjunto, que incluyó a las comunidades indígenas, el Alcalde de Panguipulli, el Consejo Municipal y la Marina de Panguipulli. Se trata de una medida urgente, incluso tardía, como suele ser todo lo referido al resguardo ecológico en Chile, que ha generado un inmediato rechazo de parte de los propietarios ABC1 que visitan la zona, con suerte una vez al año, pero una inmediata adhesión de parte de quienes residen y trabajan en torno a las cuencas del Pellaifa, Calafquén y Pullinque. Hablamos de familias que poseen una frutería, un restaurante, un emprendimiento turístico pequeño, como puede ser un sitio con algunas cabañas o un proyecto de etnoturismo. Pero también hablamos de cooperativas de artesanas y artesanos, de productores de hortalizas, de lácteos, etc. La batalla se está dando en varios frentes, por supuesto, a través de lo jurídico, pero también en redes sociales, donde se visibilizan, más allá de los auspicios, los actores implicados.

Si usted pone el hashtag #aguaslibresdemotores, por un lado, logrará comprender más sobre el espíritu de la ordenanza y sus alcances, pero también se sorprenderá al ver el dinamismo que existe en los sectores implicados, lugares con tradición e identidad. Se trata de una iniciativa que surge de los habitantes de esos lugares, que buscan conciliar el turismo con la vida, un turismo consciente, que reconozca a los sistemas lacustres como fuentes de vida, y no como piscinas gigantes donde los millonarios puedan probar sus brillantes y ruidosos juguetes nuevos.

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