Conversaciones con Charly

Las entrevistas a Charly García debieran ser un género en sí mismo. Es llamativo que apenas dos (y breves) libros se hayan ocupado de esa enorme fuente de inteligencia y humor. En ellas están las notas al pie de una vida increíble y que en todo momento está apuntando hacia la creación, hacia una obra que pueden ser sus canciones o él mismo.

Sus mejores entrevistas son todas, menos algunas que transcurren entre fines de los noventa y comienzo del nuevo siglo porque entonces Charly muchas veces no dialogaba sino que hacía monólogos. En el segundo de estos libros hay algunos. Pero incluso hoy, debilitado físicamente y con problemas de dicción, sigue siendo un interlocutor sin desperdicios. Su mente está intacta pero algo de vejez le ha llegado al hombre más joven de de toda la Argentina, entonces ahora además suena bondadoso, gentil, indudablemente más sabio. Parece haberse vuelto a amistar con el silenció y la pausa.

Conversaciones; 1982
El primer libro es un clásico que ha sido editado mucho menos de lo que se merece. Sólo tres veces en casi cuatro décadas. El 2022 salió la versión definitiva. Fue escrito por Daniel Chiron y es la primera gran entrevista donde Charly aborda su carrera y también parte de su vida con toda tranquilidad y agudeza hasta 1982. 

Artísticamente está en un limbo. Recién ha publicado «Yendo de la cama al living» y suena tanto como si fuera un álbum póstumo de Serú (a la manera de «Artaud» con Pescado Rabioso) o su primer disco solista. Tiene apenas 30 años y de su genio ya han salido canciones, discos y grupos con los que hubiera podido retirarse o en el mejor de los casos, volverse un músico museo. Pero Charly en cambio desconcierta a críticos y público porque acaba con proyectos exitosos para saltar hacia vacíos con redes que solamente él ve. Esa red por supuesto es su talento. Aún no altera el orden de las cosas con «Clics Modernos» pero ya está mirando hacia el reino casi definitivo que establecerá. Si antes definió a una generación, ahora cambiará el rumbo musical de todo un continente. Es muy interesante como todo eso queda claro en sus respuestas sin siquiera decirlo.

Es junto al flaco Spinetta el artista de rock más importante del momento y por eso atisba sobre su relación con la fama y la estabilidad mental. Ha ido por primera vez a terapia y se da cuenta que ser una estrella de rock como él quería no incluye sólo conocer chicas. Se ha vuelto paranoico. Comparte y satiriza los miedos con el mismo Luis Alberto quien le dice que corren el riesgo de un «atentado del subdesarrollo», o sea, la gran John Lennon pero con una honda en vez de una pistola por lo que no los matan si no que los dejan tuertos.

Es un Charly García todavía en carne y hueso y al que le empezaba a quedar poco tiempo para transformarse en el personaje. Tiene la certeza de que es un genio pero aún no la necesidad de gritarlo al mundo. Tiene canciones como evidencia. Más allá de los militares y la política como religión, no tiene mayores enemigos. Hay todavía mesura a pesar de su audacia artística. En sus palabras se muestra a ratos vulnerable, propio de su humildad y la expectativa. 

Uno de los momentos más significativos del libro es cuando imagina su futuro. Dice que Guillermo Vilas le ha confesado que cada vez debe entrenar más para jugar igual. Él en cambio sabe que con la música es distinto. Sabe que si ensaya más, tocará y cantará mejor. Que su mejor obra aún no llega. Que el éxito y el fracaso son cosas que no podrá manejar. Y sabe además que la fidelidad a sí mismo y la música son su único recurso, que años después a la deriva, serán siempre todavía una tabla hacia la cual nadar para mantenerse vivo, como artista y hombre. 

Es Charly García en total estado de gracia y lo sabe.

15 años de entrevistas; 1992 – 2007.
El segundo libro es del 2020, toma encuentros realizados entre 1992 y 2007 y fue escrito a dos manos entre Daniel Riera y Fernando Sánchez. Su columna es la clásica y extensa entrevista aparecida en la Rolling Stones argentina en 2002. La complementan una serie de capítulos que más que entrevistas son diálogos que más que diálogos son, ya está dicho, monólogos. A este libro lo atraviesa el delirio de su propio fin de siglo, y también el de Charly, a pesar de que recién está cruzando los 50. 

Entre el primero y el segundo texto hay 25 años, el cielo y también el infierno. Los números que arrastra hasta ese momento son elocuentes. Ha liderado dos o tres de las revoluciones más importantes de la música popular pero también ha pasado por dos de sus tres forzadas internaciones psiquiátricas. Además del arco temporal, los separa la dimensión del artista. En uno habla un músico importante, en el segundo una leyenda. En ambos es una estrella solo que ahora tiene algunas puntas cortadas. Es un ídolo herido tanto por el medio como por él y eso nos da una perspectiva. 

Charly le da razones a fanáticos y verdugos. Es el músico de rock latino más importante de la historia tras componer esa trilogía maestra nunca declarada con «Clics», «Piano Bar» y «Parte de la Religión». Pero también ya ha demolido hoteles, instrumentos y escenarios, se ha bajado los pantalones en público, ha golpeado fans, ha llegado atrasado 3 horas a los shows y de otros simplemente decide irse por razones que sólo él entiende. Por cierto, ya se ha lanzado hacia una piscina desde un noveno piso para huir de la policía. Todo esa farándula es también ahora Charly, todo esa impredecibilidad, ese vértigo, todo esa violencia. 

A diferencia del primer libro, y a pesar del poder que tiene ahora, es completamente vulnerable. El exceso de ego lo delata. Por eso ahora sí necesita gritar en el estudio que es un genio o detener un ensayo si alguno de sus asistentes no está presente para alcanzarle un whiskey.

Es cierto que ha sido maltratado por un sector de la prensa y la industria, pero él ya no distingue bien entre sus verdaderos enemigos. Se ha convertido en un riesgo o en el mejor de los casos, en una incertidumbre. En términos artísticos estamos ahora ante un Charly crepuscular. Se acabaron las obras maestras. Ahora vienen los discos que recordarán sólo sus fans. Cuando intenta explicar sus proyectos el delirio una vez más acecha. Conocer el plan de trabajo de The Prostitution o la explicación de Kill Gill apenas es contenido por la sátira. Propio de su rapidez mental, las ideas y las palabras parecen atocharse, colisionan. Todo en él parece sucumbir a la exageración.

Pero cuando se aleja del caos, el libro sorprende, como la escucha de un disco de The Beatles con Charly haciendo disección musical a cada uno de los temas. Hay también una comparación con Maradona mucho más sensata de lo que parece. Particularmente emotivo resulta el momento cuando se refiere al quiebre con su madre y hermanos tras su internación de 1991. Y aquella especie de terapia pública acaba hasta lo que el corazón le aguanta y pide cambiar el tema. Que todo rey tiene su tierra aún sin gobernar.

Es un Charly en caída libre y no lo sabe.

Ambos libros funcionan porque usan la pregunta como un disparo de carrera. Como debe ser, no hay protagonismo de los entrevistadores y aunque el segundo tiene la impertinencia de haber sido escrito por dos groupies, al menos esa fidelidad los hace intentar siempre ordenar el desmadre. En ambos están los grandes éxitos de su mitología: su infancia de concertista clásico que acabó al descubrir a The Beatles, la Colimba y la zafada, las mil y una noches para poder grabar por fin un disco con Sui, los sicodélicos días en Buzio para germinar Serú. Lamentablemente falta una publicación que aborde en tiempo presente la década del ochenta, tan importante en su influencia. Aquí aparece pero sólo como proyección (en el primero) o recuerdo (en el segundo). 

De cualquier manera, asistimos a un necesario homenaje editorial. Porque al final de todo párrafo, de toda razón o delirio siempre nos quedará Charly. Todo está inundado por su honestidad y su coraje, su imaginación y su inteligencia. E ahí una posible ruta desde dónde comenzar a superar el abismo que se abre entre estos dos textos. Son prácticamente dos Charlys, con todo lo que ello significa, para bien o para mal, muy distintos a ratos si no fuera por la música . Pero ambos son, como estos dos libros, por supuesto, imperdibles.

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