Ruiz en libros, libros en Ruiz

El anuncio de dos nuevos libros con Raul Ruíz como protagonista, uno sobre lecturas críticas hacia su obra, otro con textos misceláneos escritos por él, nos remite a una relación tan fundamental como fértil. La relación de Ruiz con la literatura es tan fundamental como con las imágenes y mucho más allá de la evidente adaptación de diversos autores.

Por una parte, muchas de sus películas primero las escribió como novelas o conjunto de poemas. Por otra, él señalaba que sus películas eran pie de página a los libros que leía. Y leía, mucho. Una gran parte de las anotaciones de sus Diarios tienen que ver con los textos que día a día compraba o revisaba. Y lo hacía en diagonal, esto es yendo de uno a otro y saltando de lo prosaico a lo profundo. De la misma forma en la que hablaba o escribía. Porque Ruiz inventó el hipervínculo incluso antes que el concepto fuera usado.

Lo primero que leímos fueron sus «Poéticas del Cine» (2000; EUDP) libro a estas alturas antológico y que reúne principalmente conferencias impartidas en universidades durante los 90. En él hay tres bloques bien definidos, definidos según él claro, porque dónde empieza la definición para Ruiz puede comenzar con toda tranquilidad la broma y la confusión. Estos son: sus cuestionamientos a la teoría del conflicto central y la función de los planos; cómo escribir una película; y finalmente, cómo filmar una. De todas maneras, como siempre, tan claras no se ven las cosas y además va por innumerables temas y perspectivas. Es un libro que nos enseña sobre cine pero no de la manera que uno espera. Sirve para aprender y también con H, un montón de cosas más. Tiene una una cierta vocación alephiana, ese querer abarcarlo todo pero a la ruizana, es decir de a poco aunque a sorbos grandes. Las teorías de Ruiz tienen tanto de marco teórico como de acertijos. Pero, es la poética un juego? Para nada, es un libro que estructura métodos o al menos algunos modos, sólo que a su manera todo está salpicado de un humor bien serio que por supuesto no tiene nada que ver con grave.

Y entonces apareció Bruno Cuneo. Cuneo es desde hace muchos años, el encargado de ordenar, editar y publicar los archivos escriturales que contiene el archivo Ruiz – Sarmiento del Instituto de la Imagen de la PUCV. Y lo ha hecho, justicia mediante, de maravilla. Casi todos por Ediciones UDP, de su cuidado han surgido:

«Entrevistas Escogidas» (2013; EUDP) Librazo de ida y vuelta. Quizás la versión más clara y directa para llegar al pensamiento ruiziano. Incluso más que sus Diarios porque estos juegan en otras líneas: la de la introspección y la espontaneidad por ejemplo. Aquí en cambio, obligado al diálogo (que tanto le gustaba), y para bien y para mal urgido por las necesidades sintéticas del periodismo, Ruiz intenta definiciones que aún cuando 30 páginas más adelante se transfiguren siguen siendo igual de consistentes. Exactamente igual a como en sus películas, dónde un tren puede partir una escena hacia adelante para terminarla en sentido contrario. Entonces toda la atención no se la lleva aquel posible y por cierto inexistente error de continuidad, si no las enormes posibilidades de su cine y su palabra. Las entrevistas a Raul Ruiz son, como en Charly García o Roberto Matta, un género en sí mismo. Lleva también una filmografía comentada por el propio Ruiz. Es un libro prácticamente sin desperdicios y para mí, el mejor de todos los que ha editado Cuneo.

Luego una bomba editorial, sus «Diarios: Notas, recuerdos y secuencias de cosas vistas» (2017; EUDP). Estas anotaciones nos acercan a un Ruiz totalmente de a pie, aunque el lugar común queda bien corto porque se la pasaba volando, trabajando y en una vida super bohemia pero ahora de día. Un artista top sin glamour. Básicamente una estrella mundial del arte pero sin la necesidad de tener que lidiar con fans y periodistas o de andar con guardaespaldas. Algo así como un ciudadano exitoso. Hay detalles sobre sus rutinas, obsesiones y miradas tangenciales respecto de un millón de cosas (son más de mil páginas), todo mientras espera una cena en un restaurante de Hong Kong o revisa su hora médica por un dolor de cabeza. Siempre entre grabaciones o planificándolas. Pareciera no haber nunca un descanso en su cabeza o estómago. Si uno no viera el nombre de Ruiz en la portada pensaría que son los diarios de Orson Welles porque los restaurantes y las mesas abundan. Entre toda esa cotidianidad, Ruiz va dejando también esbozos de teorías artísticas, impresiones de obras propias y de terceros y como no, perlas literarias, como la anotación del 16 de junio de 2008, cuando la muerte de su madre. Un texto emotivo y profundamente personal. Es prácticamente el guión literario de un cortometraje sobre el amor, la despedida y la eternidad.

Luego aparece «Duelos y Quebrantos» (2019; Ediciones Mundana) quizás el proyecto más curioso de todos. Partiendo porque es un libro de poesía. Seguido de que el propio Cuneo la define como una ficción editorial porque nunca fue organizado por Ruiz como publicación aunque sí quería hacerlo. Sólo estaban sus más de 500 poemas a los que el editor le metió selección, orden y contexto. También es el único libro trabajado por Cuneo que no fue editado por EUDP. Y por último es tal vez el ámbito menos conocido. Ruiz poeta? Claro y más que interesante. El propio cineasta (el propio escritor) dejó en claro alguna vez su compromiso con el formato al señalar que los poemas cumplen una función práctica en el cine, que es la de ligar las imágenes con mayor libertad. Y bueno, el libro es mucho eso, básicamente imágenes. Si uno los lee / escucha imaginando la voz de Ruiz podrían perfectamente aparecer en algunos de los capítulos de Cofralandes, cuando esa voz gastada pero nítida nos va desgranando la chilenidad que recibe al Director tras casi 30 años de exilio.

Y llegamos a 2024 y «Escritos Repartidos» (EUDP), colección de escritos misceláneos y recogidos por el mundo algunos nunca antes publicados. Hay conferencias, discursos, prólogos, artículos, cosas de ese tipo. Su diversidad y perspectivas son estimulantes. Imperdibles los análisis a la situación chilena antes y después del Golpe. Da entre risa y pena. Es evidente que Ruiz escribe como si estuviera filmando. Une caminos improbables, va de la monografía a la literatura, cruza de un género a otro sin romper el plano y por supuesto también aquí arrasa con la teoría del conflicto central. También como en su cine, los textos pre exilio son un poco más literales dentro de su propio sistema de abstracción. En una conferencia de 1993 confiesa «me han dicho que hablo de cine como física cuántica». Luego se defiende. Pero aquella confesión suena también como advertencia, a no dejarse llevar tanto por las palabras si no por las relaciones que ellas invocan. Por supuesto es un libro un tanto irregular, pero aquella característica no hace más que que defender su categoría de textos multiformes, abiertos, a la espera siempre de nuevas lecturas y enfoques

Entre medio de toda la historia hay un pequeño libro editado el 2003 por Eduardo Sabrovsky y la EUDP y que recoge conversaciones entre Ruiz y un grupo de intelectuales franceses y chilenos durante una semana dedicada a Ruiz entre películas, conferencias y mesa redonda en un cine capitalino el 2002. Es un libro diferente en cuanto a sus empeños editoriales pero además debido a sus evidentes límites autorales (son conversaciones, no entrevistas, y además con harta gente) sin embargo se termina defendiendo y tiene sus momentos. Es como cuando un jugador de ajedrez juega con varios a la vez y entonces con algunos termina siendo más genial que con otros. Eso es y podría ser, además, un apéndice de las «Entrevistas Escogidas».

Desde acá no he leído más pero enuncio.

Hay también novelas. Una breve «Todas las nubes son relojes», publicada en Italia en 1981 (reeditada en Chile el año pasado por La Komuna) y una larga de 2016, «El espíritu de la escalera» (EUDP)

Otro ámbito también menos conocido pero igualmente importante. Ruiz era o había sido un hombre de teatro. Comenzó haciendo teatro de hecho, pero su vocación de olvido lo hizo cambiarse al cine, que es otra forma de la memoria, también uno de sus temas fetiche. De hecho su primera incursión fílmica fue dirigir «La Maleta» (1963), obra teatral escrita por él un año antes bajo el título «El Equipaje» y dirigida por Víctor Jara para la Compañía de los Cuatro. Hay incluso una leyenda (inventada por él mismo claro) de que antes de los 21 años ya había escrito 100. Evidentemente hay mucho del teatro en sus películas. Y qué bonito sería que se hiciera y se hablara de un teatro ruiziano. Con todo y el inmenso éxito de su cine, contra lo que se pudiera pensar, Ruiz nunca dejó las tablas. En Europa dirigió obras ajenas y también propias. De esa producción se ha editado «Edipo Hiperbóreo» (2023) escrito y dirigida por Ruiz en Italia en 1983. Tambien fue publicado «Amledí, el tonto» (Hueders; 2018) su último trabajo teatral en vida. Fue estrenada en 2011 con dirección suya y de Cristián Plana.

Cosas no publicadas. El guión de su radio teatro sobre Gabriela Mistral, «Los 5 sentidos» (2006) y, como no, el de sus más de 100 películas. Si contradecimos a Tarkovsky, para quien un guión narrativo nunca es género literario porque sólo existe en función de sus imágenes, no estaríamos tampoco en desacuerdo con Ruiz y aquella paradoja instala y al mismo tiempo resuelve la discusión. Una vez tuve la oportunidad de estar en un set de filmación de Ruiz. Una cosa curiosa porque ni siquiera era por trabajo. Y ahí, a lo rey sin tener que hacer nada y con libertad hasta para agarrar del catering, tuve acceso al guión técnico de «Litoral» el cual me pareció muchísimo mejor que lo finalmente fue filmado.

Algunas y últimas consideraciones:

Casi toda la producción literaria publicada fue editada de manera póstuma, con excepción de «Todas las nubes son relojes» y las dos primeras poéticas (1995 y 2006). Incluso «El espíritu de la escalera» apareció tras su muerte a pesar de haberlo dejado prácticamente listo.

A todos los proyectos los une el humor, la filosofía y a su manera, tal como sus películas, Chile.

Existen otros varios libros y publicaciones sobre la obra de Ruiz, como el que menciono al inicio, «Ruiz desde lejos» (EUDP, 2024). Está también por supuesto, la mitológica edición especial de Cahiers di cinema aparecida en marzo de 1983 dedicada entera a su obra. Pero todo eso entra en otro ámbito, no menos interesante pero sí evidentemente más periférico en términos de sus propias ideas. En esa línea, uno de los más interesantes es el de Yenny Cárdenas, «Los años chilenos de Raul Ruiz» (Catalonia; 2019), primero porque abarca un período interesantísimo de su trabajo no sólo a nivel creativo sino además con un contexto histórico particular y previo al giro que tomaría su obra. El libro contiene además entrevistas realizadas con el propio Director además de un montón de amigos y colaboradores. Los años chilenos de Ruiz lo encuentran trabajando a conciencia pero no sin distancias críticas (aunque nunca reaccionarias), para la Unidad Popular. Ya ha creado por lo demás, la primera película chilena de la nouvelle vogue, esa obra maestra que es «Tres tristes tigres».

Existe el archivo Ruiz – Sarmiento en el Instituto de la Imagen de la PUCV. Ahí está el tesoro sobre el que trabaja Bruno Cuneo, quien es además su Director.

Cuneo actualmente trabaja sobre la edición de algunos Cuentos, así que la cosa sigue. Celebran las imágenes y la escritura. Hay Ruiz para rato.

Todos los libros se pueden encontrar en internet y varios en librerías.

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