En Agosto nos vemos

Voy a omitir mi opinión sobre las quejas que aparecen siempre en estos casos, es decir, la de novelas que salen debajo de la manga de sus creadores dignamente muertos hace rato, frutos cariñosos de la familia, los amigos, los editores y los inefables expertos. Es la típica discusión fúnebre de lo que fue y no pudo ser, lo que quería o no quería el difunto dejar para posteridad.

Dicho lo anterior, esta novela me gustó harto. Bueno, no tanto. Exagero. En el harto dejo espacio para la nostalgia de encontrar otra vez el tono magistral (justamente, de un maestro que no está y que se echa de menos). Hay momentos en la novela que vuelve el eco de aquellas frases del barroco caribeño de Gabriel García Márquez, no hay duda, ahí está, alambicado, retorcido y sorprendente.

La protagonista, Ana Magdalena Bach, todos los 16 de agosto acude a visitar la tumba de su madre a una isla. Aprovecha, al mismo tiempo, de hacerse un amante por solo una noche, uno que no se repetirá pero que la hace respirar el año completo. Ese es más o menos el cuento, nada más. Formalmente no destaca mucho, roza en lo melodramático, cursi, okey, pero, más respeto, se trata de GGM. Hasta en sus cuentos menores hay maravillas, ecos lejanos.

Todas las semanas aparecen en el mercado cientos de nuevas novelas, ojalá un porcentaje chiquito tuvieran la “mediocridad”, según sus críticos, que tiene “En agosto nos vemos”. Pero lo bueno es que todavía hay posibilidad de una ducha fría de humildad volviendo a “Cien años de soledad”, a “El otoño del patriarca”, a “El amor en los tiempos del cólera”, o a esa joya minimalista que es “Crónica de una muerte anunciada”, digo yo como para enjuagarse boca con jabón antes de pelar.

EN AGOSTO NOS VEMOS

Gabriel García Márquez

Editorial Random House

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