Héroes Patrios

en Actualidad/Artes Visuales/Música/Sociedad por

Chile celebra su fiesta patria, el 18 de septiembre, fecha a la  que, sin lugar a dudas, podríamos encontrarle una larga lista de objeciones para ser considerada la fecha,  que albergue nuestra celebración patria, porque es un hito que no nos representa, porque hay fechas más significativas, porque no corresponde a la fecha de la Independencia de la Corona Española, en fin, en vista de eso, se podrían proponer una serie más larga, de fechas que resulten de verdad vinculantes a la hora de proclamar la fiesta nacional, esta discusión, de verdad, me resulta totalmente innecesaria, si antes no nos ponemos de acuerdo, sobre el tema a festejar, porque aclarando aquello, me parece que la fecha podría surgir por sí sola, decantando de una verdadera celebración popular.

No es menor la problemática, aunque entre discusión y discusión, bienvenidas sean la chicha y las empanadas, en el entendido de que a todos nos viene bien una fecha feriada, una fecha de jolgorios, que acá en Chile no es otra cosa sino una verdadera bacanal, la embriaguez máxima y el abuso de todo tipo de ingestas, eso no entra en esta discusión, no es la problemática urgente determinar qué o en qué cantidad se come y se bebe, báilese la cueca o la cumbia, si bien son todas discusiones atendibles, me resulta primordial preguntar por la razón del festejo. Si alguien quiere responder que lo que se celebra vendría siendo algo así como el cumpleaños de Chile, la verdad es que sería bastante injusto con un par de siglos e historias, durante las cuales Chile ya existía. Si lo que se quiere es celebrar la independencia de Chile del yugo, o la dependencia económica de España, entonces resulta que se querría estar celebrando un acontecimiento que aún no sucede, puesto que la independencia económica, está hoy en día, más lejana que en 1810.

Por ahora, lo que está en evidencia es que se trata de una fiesta nacional, una fiesta que pretende vincular a todos los habitantes del país, una fiesta que desea recoger lo más granado de nuestras tradiciones y herencias, única ocasión en que la mixtura indígena-europea, tendría su lugar digno de expresión, una fiesta en la cual todas las expresiones culinarias de nuestra herencia serían degustadas y en la cual los ritmos de nuestra identidad nacional sonarían invitando al baile y al festejo. Lamentablemente, durante décadas se nos impuso un solo ritmo como banda sonora de nuestra identidad, me refiero a la cueca de salón, la que fue declarada danza nacional, en 1979, plena dictadura fascista de Augusto Pinochet. Pero, por favor no nos perdamos, no es contra la cueca la cosa, arduo ha sido el trabajo de músicos y folcloristas por desentrañar los orígenes de la cueca y su verdadero arraigo al pueblo, y bien que ha dado resultados, gracias al trabajo de Violeta y Roberto Parra. No nos hace falta a los porteños mirar hacia el campo para bailar un buen pie de cueca, tenemos un pedazo de Historia viva en La Isla de la Fantasía y en la Quinta de los Núñez.

De todas formas el festejo se va armando, recurriendo a nuestra identidad barrial, a nuestra comunidad encontraremos las instancias para realizar una buena celebración, como digo, la cosa es bailar, comer y tomar, lo que implica también un buen descanso entre farra y farra, la buena vida y la poca vergüenza, diría mi abuela, esa es la idea del festejo, reunirnos y alegrarnos. Lamentablemente, para la celebración nacional, septiembre no es un mes fácil de digerir, no es un mes que invite a una sincera celebración, básicamente porque es un mes en que la mitad del país lloramos a nuestros muertos y desaparecidos, mientras la otra mitad, la de los vencedores, celebran la recuperación de sus privilegios y la consolidación de su dominación.  Desde el 11 de septiembre de 1973, es que este mes se ha teñido de sangre, se ha cubierto de un dolor tan aciago, que no hay copa de vino que ayude a pasarlo.

Sin embargo, del fondo de la oscuridad es que surge la luz, y si no es así, hagámoslo así, porque es natural que cuando se nos habla de una fiesta en la que los protagonistas son “el guatón Loyola”, el vino y la empanada, la tricolor, o la selección nacional, como bien lo proclama Andrónico Luksic en su tweet nacionalista, “Hoy todo Chile vibra con nuestra querida Roja. Vamos muchachos! Tranquilos y a ganar porque tienen lo necesario. Garra y corazón chileno!!!”

Es natural que no nos sintamos invitados a esa fiesta, porque esa fiesta no es una fiesta nacional, no es un festejo que vincule al pueblo, por más millones que Farkas regale al que baile la cueca disfrazado de huaso, esa no es nuestra fiesta.  Me siento mucho más movido a celebrar el honor de mis ancestros en esta fecha que cualquier otra cosa, este mes, elegido para ser nuestro mes patrio, tiene la enjundia suficiente para serlo, pero no me pierdo entre tanta banderita hecha en China, entre el aguinaldo patronal ni entre los comentarios patrióticos de los políticos cómplices de la Dictadura. No, principalmente porque en orden cronológico, antes que el 18 está el 11, siempre será así, aunque el 11 no sea feriado, aunque se pase por alto que ese fue el día en que asesinaron a nuestro compañero presidente Salvador Allende, el 11 siempre estará antes que el 18 y más que el 19, donde sí se celebran las Glorias del Ejército, glorias que serían haberse puesto a las órdenes de los patrones para asesinar al pueblo en 1907, en la pampa y en la Araucanía, para bombardear La Moneda en 1973 y para asesinar a civiles desarmados durante décadas de dictadura.

Pese a todo ello, este mes de septiembre es generoso a la hora de ofrecer festejo, es cuando se acaba el invierno y llega la primavera, es cuando más flores brotan, probablemente en ofrenda a nuestros héroes. Héroes, sí, porque Chile tiene héroes de sobra para hacernos sacar pecho, Chile, este territorio que habitamos y disputamos con los que se consideran dueños de él, este Chile dividido entre dueños y esclavos, tal como en la Colonia, “ya no sentimos el látigo que nos resuena en la espalda” diría Alí Primera, compositor venezolano que tan bien le cantó a nuestros héroes, que no son esos que celebra el ejército, no son que esos que mataron Mapuches, no son esos que mataron mineros, no son aquellos que asesinaron a nuestros compañeros. Nuestros héroes están ocultos, como las Huacas que los indígenas escondieron de los conquistadores españoles, están ocultos pero aun así siguen iluminando nuestra tierra. Nuestros héroes son de la talla de Lautaro, son del color de Kalfukura, tienen la fuerza de Michimalonko, no se preocupen si no los conocen, si sus nombres les parecen extranjeros, ese ha sido el trabajo de joyería realizado por los explotadores, hacer que nuestros héroes desaparezcan, es un trabajo que se consolida cada 18 de septiembre cuando olvidamos nuestro glorioso origen Mapuche. Se consolida cada 18 de septiembre cuando pasamos por alto la fecha del asesinato de Víctor Jara.

Aceptando que septiembre es el mes de la Patria, me sumo a la celebración, a aquella fiesta que proclama la identidad de mi barrio, de mi familia, aquella celebración que me une a la comida típica que preparaba mi abuela, a las historias que se cuentan de boca en boca, a las leyendas que nos hacen más nobles, que nos llenan de patriotismo, esas historias son las que consolidan una patria, no una bandera, porque la bandera puede cambiar, la podemos cambiar, a nuestro antojo y no pasa nada, las tradiciones están hechas para ser traicionadas, pero nuestra herencia es la que nos forja, es la que nos nutre y eso heredamos, valores patrios que nos congregan, este nacionalismo que proclamo y al cual suscribo, es el patriotismo de quienes dieron su vida por un país más justo, aquellos que regaron con su sangre este territorio para que ahora nosotros vivamos mejor, los que pensaron en quien no tenía vivienda, los que trabajaron por mejorar la vida de otros y no tan sólo la de ellos y sus descendientes. Esos son nuestros héroes, esos que te hacen sentir orgullo de compartir la Historia con ellos, esos que te hacen sentir una fuerza en tu pecho, esos son los que elevan el volantín de tu alma, esos son los que lo encumbran hacia la Libertad, esos no se llaman ni Pinochet, ni Merino, ni Novoa, ni Longueira, ni Piñera… los nombres de nuestros héroes se cantan en una canción marginal, es un canto que brota de los volcanes, es un viento que recorre los caminos del pueblo, es una voz que nombra héroes como flores que brotan en el desierto florido, es una melodía cálida que aparece como brisa de septiembre, te habla de Patria como un juego de la infancia porque te pertenece, porque surge  por ti, por mí y por todos nuestros compañeros.

Escritor, actor, cuenta cuentos, humorista, realizador audiovisual y viajero. Ha inspirado fuertemente su trabajo en la recopilación de relatos sagrados de comunidades aimaras, keswas, guarayas y kogis recogidos tras un largo viaje por Sudamérica. El 2009 estrena su documental “Recinto Privado"y el 2011 su unipersonal “Cruz del Sur” (2011), como homenaje a Godofredo Iommi. Ha publicado los cuentos eróticos "Tinta Sangre" (2012) y la novela "Niebla resplandeciente" (2016)

Agregar un comentario

Your email address will not be published.

*

Últimas Críticas en esta Categoría

Un soborno del cielo

La reflexión sobre el poder de la Iglesia Católica, siempre es bienvenida,
Vamos Arriba