Su muerte marcó el fin de una era. Intentar definirla con justicia y en unos cuántos parrafos puede sonar ambicioso, pretencioso y retórico. Sin embargo me remito a dos inequívocos antecedentes: Gustavo Adrián Cerati abrió Latinoamérica como un mercado posible para el rock y lanzó hacia el futuro la música popular argentina.
Su mitología es otra cosa. En una tierra tan proclive a los dioses urbanos su figura fue pura literatura: talento, idolatría, belleza, eterna juventud, una muerte trágica. Y es sabido que particularmente en Argentina los ídolos no mueren, quedan encantados.
Por qué Cerati? Hay donde elegir, arriba y abajo del escenario, pero siempre lo musical será un buen principio: su sonido, su voz, sus inolvidables canciones y discos, las arrasadoras presentaciones en vivo, el súper guitarrista que creo nunca se dejó ver del todo y también la paradoja: una obra que a pesar de servirse de varios recursos musicales y artísticos del pop, es imposible reproducirla en serie ya que no hay estilo ni formula probable en Cerati.
Se pueden tomar timbres vocales, efectos o rasgueos, aun así seguiremos estando lejos. de continuar uno de los caminos musicales más innovadores y masivos de los últimos 40 años. Son fenómenos que atraviesan fronteras, géneros y público. Que te admiren en un conservatorio y al mismo tiempo estés sonando en una radio am tiene lo suyo.
Para entrar en su universo, basta cualquier estrella. Por ejemplo yo elijo, contra todo pronóstico, un cover. Y es que a pesar de que escucho “Dynamo” (1992), “Bocanada”(1999) u “11 Episodios Sinfónicos” (2001) como trabajos musicalmente perfectos, «Traéme la Noche», su canción para el disco tributo a The Police grabado en 1998 puede ser un buen resumen de su estatura y dimensión, dentro y fuera del estudio.
Fue a comienzos de los ’80, a la salida de un concierto que el grupo británico dio en la Argentina cuando Gustavo y Zeta decidieron armar Soda. El impacto había sido seminal. 22 años más tarde ahí estaba Cerati parado frente al mismo Andy Summer, interpretando una canción hasta hacerla genuinamente propia: el cover de un reggae transformado en rock, pero en clave pop y con una base rítmica que perfectamente nos remite a la electrónica. Cerati todo en uno, tomando una discreta canción, arreglándola, cantándola, pidiendo tocar el bajo y grabando la guitarra acústica porque el mismo Summer no podía con el ritmo. El círculo se había cerrado.
Cuentan los que saben que la cantidad de ideas con las que Cerati emprendía cada proyecto era abrumadora, participando prácticamente en todas las etapas del proceso. Charly García lo definió como un “arquitecto del sonido”. Su adelantada preocupación por la producción musical y artística lo llevaron a trabajar con gente tan disímil como Federico Moura y Carlos Alomar, pero también con Alfredo Lois y Tom McPhillips. Por qué Cerati? porque ensanchó los límites de la música latinoamericana.
Las primeras lecciones de guitarra Gustavo las tomó de profesores que admiraban a Atahualpa Yupanqui, de ahí que las vidalas y las sambas fueran el inicio de una historia que terminó bien lejos de todo ello pero al mismo tiempo fueron un punto a donde siempre necesitó volver. Como Cortázar escribiendo sus libros sobre Argentina (o con argentinos) cuando ya ni la R la podía pronunciar sin acento francés; o Raúl Ruiz, diciendo que todas sus películas trataban a su manera sobre Chile a pesar de que desde su exilio en 1973 no filmó en su país en casi 30 años.
Según Cerati, igualmente en toda su obra hay guiños al Folcklore y esa confesión traspasa la simple evidencia de canciones como “Raiz”, “Cactus” o sus espectaculares colaboraciones vocales con Leda Valladares para “Grito en el cielo”. El mismo Cerati contaba que al escuchar a Domingo Cura tocar el bombo en directo cuando la grabación de “Sulky”, tuvo la misma revelación que al oir por primera vez el Drum & Bass, lo cual no es para nada poco decir en su obra.
Cerati nos liberó de mil prejuicios, por ejemplo con el rock latino y la estética. Tras los ojos delineados y los raros peinados nuevos, el mismo Charly lo anduvo buscando en 1991 para grabar junto a él y Pedro Aznar. El proyecto como no, sería «Tango 3», ese eslabón perdido del rock argentino. Pero a García lo encerraron y 24 años más tarde recordaría los ensayos, «era Led Zeppelin» dijo.
Algunos se demoraron un poco más y revaloraron las canciones ochenteras de Cerati recién 10 o 20 años más tarde, tal y como ocurre con los primeros álbumes en la discografía de The Beatles, haciendo el camino hacia atrás una vez comprendida la grandeza del “Sargent Peppers” o el “Abbey Road”. Germinados y atrapados en la sonoridad propia de una época, los discos que van desde “Soda Stereo” (1984) hasta “Doble Vida” (1988) emergen de pronto al asombro como escuchados por primera vez a pesar de la paradoja ser himnos de generaciones enteras.
Esas generaciones que crecieron junto al fenómeno del rock latino como una cuestionada válvula de escape al horror de la dictadura. Era prácticamente lo único joven que circulaba en los medios de comunicación debido a la aparente neutralidad de sus líricas. Es cierto que mucho de toda esa etiqueta comercial era efectivamente algo insulso, pero una segunda lectura nos dejó ver talentos como el de Cerati. Sólo algunos sobrevivieron a la moda cuando el mercado acusó desgaste y hubo que cambiar el rumbo.
Lo realizado en los próximos 20 años fue para Cerati la confirmación, no sólo de que existía un camino fuera de Soda (comenzó a grabar en solitario o en colaboraciones desde 1992) si no que ese camino lo definió como un compositor y músico superlativo. Desde entonces y desde siempre, salvo quizás con los dos primeros discos de Soda, Cerati nunca repitió la fórmula aun cuando ciertas sonoridades pretendan afirmar lo contrario. Tuvo una discografía perfecta.
La multiforme influencia que tomó Cerati es al mismo tiempo la que deja. Si en una armonía fue capaz de unir a Yupanqui, Spinetta y The Police, merece todas nuestras palabras viniendo de épocas donde ni conservadores ni liberales se permitían eso. Así fueron los acordes y el tono. La creatividad, la apertura, el riesgo, las cornisas.
Fue un alumno a distancia de la Tropicalia, importando una estética y un sonido británicos y devolviendo al mundo algo que perfectamente podría haber sido un gaucho con sus boleadoras como samplers golpeando sintetizadores y guitarras eléctricas. El niño cuyas primeras lecciones eran sambas y vidalas, se convirtió en el rockero más electrónico y eléctrico (ecléctico) de toda la Argentina, un país donde el rock solía ser rock y punto.
Conocida la historia, trazar un mapa que delimite su enorme influencia puede sonar ambicioso, pretencioso y retórico. Si su influencia puede hallarse en ámbitos tan distantes como los de Lucybell o Shakira y su registro en colaboraciones con Bajo Fondo o Leda Valladares, hasta dónde llega (ría) Cerati?
Tramposa pregunta que siempre nos termina pisando la cola y la nostalgia, para volver a pensar en su impacto a la manera de los astros que abarcando el universo son capaces de influir en el ritmo y tiempo de prácticamente todas las cosas vivas. Y qué es Cerati sino una pura y eterna bocanada de ritmo y tiempo?
Fotografía: Internet