Morir en la Arena

Hay que empezar diciendo que las novelas policiales de Padura cada vez están más “líquidas”, esto suena discutible porque a la vez se hacen más “literarias”. Quiero entenderlo mejor como si el expolicía Mario Conde fuera hundido lentamente por tanta realidad. Si se requiere darle un nombre me gusta eso de: “crónicas urgentes desde Cuba”. En esta ocasión el autor otra vez da en el blanco (Otro notable: Padura escribiendo la vida de Trotsky y su victimario, su novela más genial: “El hombre que amaba a los perros”. ¿Recomendable? O sea… imprescindible).

Estoy hablando del mejor o el más multifacético escritor cubano, empezó escribiendo “noir” y ha derivado a escribir de cualquier tema, a contar cualquier historia solo para dejarnos con la boca abierta.

En esta última novela se muestra lo desolado, pobre, la escaso y lo podrido de una sociedad con un hermano mayor represor, la que no necesita que nadie la defienda y justifique, pero que tampoco se oculte porque se parece, en su vigilancia, a una de hace poquitos años aquí mismo en tierras arrinconadas a los Andes.

En “Morir en la arena” hay dos hermanos, uno en la cárcel a punto de salir después de cumplir condena por matar nada menos que a su padre. Un tercero que cuenta todo y que es, para remate, un “escritor policial”. Y, por supuesto la mujer pivote, centro y periferia de los hermanos. El relato salta de un pasado esplendoroso, ilusionante, a un presente que es su contrario. Por supuesto, está de más decirlo, los tres o cuatro personajes representan esa añosa isla querida, bajo el vaivén de amor y decepción, ese de nuestros viejos soñadores onda profesor Artés. Enfrentados a la realidad, lejos del discurso, del puño en alto, de los recuerdos de caídos, del Che como Cristo sacrificado, solo dan ganas de llorar, casi triste, casi feliz, casi enrabiado, casi leal, porque se comprueba lo evidente: el sol es harto más grande si se quiere tapar con un dedo.

«Morir en la Arena»
Leonardo Padura
Tusquets; 2025.

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