Marjane Satrapi y el derecho a la tristeza

“For I lost the love of mi life”. Eso es lo que dejó escrito Marjane Satrapi en su cuenta de Instagram, antes de morir de tristeza, según comunicó su entorno cercano a la prensa.  Lo primero que hice, tras leer la primera nota sobre su muerte, fue revisar esa cuenta de Instagram y efectivamente, esa frase quedó escrita por ella, cada palabra en una publicación distinta, en letra rosa brillante sobre un fondo negro, siendo Mattias, la última que leemos, pero la primera que escribió, y la única que no tiene fondo negro, sino un retrato fotográfico de Mattias Ripa, con su fecha de nacimiento y muerte. 

En estricto rigor, su última publicación  fue un posteo conjunto de la “Academie de beaux arts” y la autora, sobre la creación de la “Fundación para el Cine Mattias y Marjane Ripa-Satrapi- Academie de Beauk Arts”. Esta noticia se comunicaba con una fotografía en blanco y negro, en que la pareja aparece mirándose a los ojos en total complicidad, con un tabique adornado de jazmines al fondo. De cierta forma, una comunicación formal, que resume mucho de lo que Marjane quiso destacar y fue importante para su vida y la de su compañero. Primero que nada, su vínculo, profundo e indisoluble, segundo, su identificación con los migrantes y con la creación artística y cinematográfica. Esto porque la fundación que constituye ahora un legado concreto de su paso por este mundo se orienta a apoyar a jóvenes migrantes que deseen estudiar cine en París. 

La prensa internacional está cubriendo abundantemente la noticia de Satrapi y sin pudor alguno, distintos medios y personas particulares interpretan su muerte, cada uno a su pinta, intentando dar a entender qué es la dictadura fundamentalista islámica que, lamentablemente Estados Unidos no ha podido terminar como se debe, lo que llevó a la artista a la muerte. Pero si nos atenemos a lo que sabemos que ella quiso comunicar, en sus libros, entrevistas, en su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias, e incluso en sus posteos de Instagram. Así como en la orientación que dio a la fundación que creó, poco antes de morir, que no se centró en los iraníes, en los disidentes de países con autoridades islámicas, sino en migrantes de cualquier lugar. 

El más reciente libro en el cual participó, como dijo ella, en calidad de “directora”, se llamó “Mujer, vida, libertad”, en estrecha conexión con el movimiento surgido en 2022 como respuesta al caso de la joven kurda atacada mortalmente por la policía en Irán, al no portar velo. Este hecho desencadenó un movimiento contrario al uso del velo, que Satrapi y la mayoría de los medios del mundo vieron como manifestación revolucionaria, contra un régimen especialmente opresivo hacia las mujeres, mientras que, desde el mundo de influencia islámica, sin embargo, algunas voces se alzaron también para cuestionar grados de manipulación política exterior en los procesos vividos en Irán, cuestionando incluso el discurso de sometimiento extremo de la mujer en Irán, contraponiendo imágenes e incluso estudios y cifras que comunican información discordante con lo planteado recurrentemente en los medios occidentales, Como por ejemplo, los altos estándares de profesionalización femenina en Irán, país donde las mujeres son mayoría en las aulas universitarias. 

Satrapi, nacionalizada francesa, vivió casi toda su vida fuera de Irán, pero toda su obra se conecta con su país, desde Persépolis, la obra que se transformó en clásico de la novela gráfica y que logró reconocimiento en Cannes en su adaptación al cine, y en todos sus trabajos posteriores.  Sin embargo, su mensaje nunca fue del tipo Corina Machado, no vemos mensajes de odio manifiesto, nunca pidió a las potencias occidentales que invadieran o impusieran cercos económicos sobre Irán. De hecho, fue suficientemente respetuosa como para decir: 

“Los de la diáspora no estamos allí. Ya no conocemos el latido de nuestra sociedad. Podemos ser el altavoz, podemos apoyarlos, podemos hablar. Lo que sepamos, podemos difundirlo. Podemos compartirlo con el mundo. Pero no podemos decidir por ellos.” (entrevista al New York Times, republicada por El Clarín, cultura, el 30 de abril de 2024) 

En las culturas actuales del llamado Occidente difícilmente existirá el ánimo de comprender, ni siquiera respetar, algo tan “primitivo”, tan fácilmente criticable con la etiqueta de “amor romántico”, tampoco se entenderá el uso de la palabra “tristeza” … ¿Acaso ella no sabe que lo acertado es hablar de depresión?  En occidente,  la gente evolucionada, prefiere no pronunciarse cuando mueren cientos de niñas en el bombardeo de una escuela o de madres y bebés en un hospital. Es mucho más indignante el uso del velo. Del mismo modo, el avanzado conocimiento de los procesos psicológicos y fisiológicos permite que cualquiera pueda etiquetar las emociones y sentimientos ajenos, y, traducir a un buen marco lógico lo que las personas de las “culturas atrasadas”, insisten en definir de formas añejas, con términos como “tristeza” o “amor de mi vida”. Hay algo que va más allá de las disidencias políticas que muchas personas migrantes deben experimentar en los países de acogida, especialmente si éstos se encuentran en el “primer mundo”, y es la negación de todo lo que no esté inscrito en los parámetros occidentales en relación a cómo funciona el mundo, la política y por último, las percepciones y emociones de cada persona. Ese borrado es condición para una integración real, más allá de lo formal. Pero ese borrado, realmente, no ocurrirá nunca totalmente. Por eso, pese a lo clara que ha sido Marjane Satrapi en su mensaje final, hay medios que insisten en comunicar su muerte como si se tratara de una acción política. 

Avanzando en su vida, Marjane Satrapi expresó cada vez más claramente que su identidad se funda en la diáspora, uniéndola a todos quienes viven en contextos de desarraigo, existiendo muchas razones distintas detrás de cada migración, de las decisiones sobre dónde establecerse, con quienes compartir la vida y, finalmente, responder, en un momento determinado, si la vida tiene o no sentido de ser vivida. Esa pregunta, que para Albert Camus planteaba el problema fundamental de la filosofía, es a lo que parece aludir Marjane Satrapi al escribir, no en su idioma natal, persa (o farsí), no en su idioma adoptado, el francés, sino en el idioma de los medios occidentales, el idioma para las declaraciones de alcance internacional: “porque he perdido al amor de mi vida”. 

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