Un generoso volumen reúne toda la cinefilia del escritor Colombiano Andrés Caicedo, a quién el cine le gustaba más que el vacile lo cual ya es mucho decir. Estética, crítica y hasta entrevistas. La importancia de estos textos es que más allá de su calidad son a su manera la extensión de una obra que se repartió también entre cuento, novela y teatro. Caicedo usaba el cine en tanto consumo y expresión. Tan importante como ver cine era escribirlo y a su manera también, escribirse. La escritura como personaje.
El año 2008, Alberto Fuguet publicó, «Mi Cuerpo es una Celda», lo más parecido a una autobiografía de Caicedo. El chileno la armó con una estadía en Cali y numerosos fragmentos extraídos de papeles personales y públicos del colombiano. En la explicación del libro Fuguet se la juega señalando que sus textos cinéfilos son mejores que todo lo que pudo haber hecho. Tiene mucha razón. Es que por mucha genialidad que haya en «Que viva la música» o «Calicalabozo» los textos de «Ojo al Cine» guardan su propia distancia con todo lo escrito antes sobre este arte.
Precoz, disciplinado y ambicioso, Caicedo aspiraba a construir una obra y un nombre en el circuito.Tenía mucho talento pero poco tiempo y ambas cosas las sabía. Entre su primera y su última publicación no alcanzaron a pasar 10 años. En esa carrera escritural seria y consistente, que comenzó siendo recién un adolescente, era inevitable que las cosa se mezclaran. Su obra fue al mismo tiempo un gran diario de vida y el cine, otra oportunidad para dejar un testimonio crepuscular pero inequívoco de miedos, rebeldías, placeres, vicios, amores y dolores, todo aquello de lo que está hecha su leyenda y que se recogió junto a su cuerpo cuando decidió quitarse la vida, el 4 de marzo de 1977. Había escrito 4 novelas, casi 30 cuentos, 7 obras de teatro, 4 guiones, cientos de cartas y más de mil páginas sobre cine. Tenía sólo 25 años y un cuerpo definitivamente más joven que su obra.
«Ojo al Cine»
Andrés Caicedo
Editorial Norma; 1999.