Antiguo Roble Urbano

Enero de 2013 nos sorprendió con una particular noticia: “Roble en Valdivia es árbol más antiguo en ciudades de Chile” (Diario Austral, 10/01/13); “Este roble es duro de matar: tiene 350 años” (Las Últimas Noticias, 09/01/13).Valdivia ostentaba el árbol urbano más viejo del país, un roble (Nothofagus obliqua) de 25 metros de altura y 1,20 de diámetro que crece en el bandejón central de Avenida Circunvalación Sur.

En primera instancia fueron algunos estudiantes de Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales de la Universidad Austral los que fijaron su atención en el árbol cuando descubrieron que albergaba una lechuza que anidaba en él, lo que comentaron a su profesor Iván Díaz, biólogo de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales.

Por esos días la Municipalidad demandó un estudio del arbolado urbano a su personal encargado, para determinar ejemplares con riesgo sanitario y caída. Estos recaudaron fondos y se asesoraron con consultores externos para tal propósito, definiendo finalmente algunos a cortar, entre ellos el roble. Frente a ello Díaz y un grupo de colegas del Instituto de Silvicultura decidió realizar un diagnóstico alternativo, concluyendo que el roble estaba sano, sin riesgo de caída, con un crecimiento normal y en buena forma. Este segundo vistazo convenció a la Municipalidad de conservarlo.

El Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la UACh determinó la edad del roble, dando como mínimo ¡285 años!, “pero si nos proyectamos hacia el centro del árbol calculamos que tiene unos 350 años” agregó Díaz al Diario Austral. Destacó también “su densa cobertura de plantas epífitas, especies que son frecuentes en árboles grandes de los bosques nativos adultos, en particular la cobertura de chupallita”, flora que por cierto no es parasitaria. “Él nació cuando todo esto era bosque nativo; nadie lo plantó” sentenció Díaz en LUN.El roble tiene también una cicatriz de un incendio de data centenaria. Quizás sea como ese aromo del que cantó Atahualpa Yupanqui “Que en vez de morirse triste /se hace flores de sus penas”; es un sobreviviente. Hoy es testimonio, memoria y legado del bosque silvestre que le dio origen, donde alguna vez devino semilla, «hualle» y «pellín». Escribió Luis Oyarzún: “El viento de primavera juega con el polen suspendido /en la sombra de los robles. /Dentro de un tiempo, /nuestros inviernos y veranos vivirán /sólo en los anillos oscuros de los árboles” (Necesidad del arcoiris. Poesía selecta, LOM, pág. 184).

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