El Verdadero Club de la Pelea

Durante mis más de 40 años como jugador aficionado de fútbol, he pertenecido a muchos grupos, ninguno tan genuinamente heroico como el actual. Conformado en su mayoría por post 45, son viejos cracks que destacan por su resiliencia: todo el mundo juega lesionado.

Hay además una constancia que conmueve y una vocación casi religiosa en el sentido de ir por el placer y el dolor. Sagrada y semanalmente también es la cita. Y como en toda iglesia por cierto, se paga por ese sufrimiento. En este caso 2 luquitas.

Algunos, sin duda los más locos, hacen doblete los días lunes y aquello no se sabe si les dará mejor o peor calidad de vida. Pero se juega lo mismo, porque de algo hay que morir dijo Mario Lepe con sus cinco fracturas y porque de mucho hay que vivir dice Guilermo con sus generosos y heladitos pack post partido, a la fecha cervezas más ricas no me he servido.

Las alineaciones son un grandes éxitos de afecciones y dolencias. Abundan los problemas de espalda, cadera, rodilla y tobillo que es donde más pegan el deporte y (no nos hagamos los weones) la vejez. Nada se descarta, uno incluso llegó a jugar un día con un diente menos. Personalmente parece que me tomé la cosa de manera competitiva porque juego sin ligamento cruzado hace 20 años, tengo 4 esguinces de tobillo (dos por pie) y una microfractura de empeine.

Te encargo los dolores al despertar al otro día, pero se les toma el cariño y el respeto de una cicatriz de guerra. Todo igualmente se disuelve durante la mañana como el azúcar en el café (que por lo demás se ha vuelto el fármaco preferido para estos casos) o cuando comienzan a llegar al Whatsapp los mensajes que anuncian la apertura de inscripciones para el próximo match.

A veces hay ausencias claro, pero ninguna generalmente pasa de las dos semanas. Uno escucha entonces autodiagnósticos y prescripciones donde la iniciativa es admirable pero no podría decir lo mismo del rigor científico.

– Y qué te pasó?

– Nada (lo dice cojeando) recibí un golpe en la rodilla, pero me pongo hielo, sus pastillas y en dos semanas vuelvo.

De nada sirven los reclamos familiares, los consejos médicos y los avisos del propio cuerpo. Cada miércoles todo el dolor y la fé del mundo parecen concentrarse en una cancha de futbolito. Y los 300 espartanos son apenas un pálido eco de la historia comparados con estos 14 que, a pesar de sus propias Termópilas, corren felices y comprometidos tras una pelota, una gloria tan personal como profunda (yo me la puedo ctm) y un trofeo que cada 3 o 4 semanas parece tomar la forma de un asadito hecho con dos piedras y una reja a un costado de la cancha. No hay Ibuprofeno más efectivo que todo eso.

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